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Llevan al asesino psicópata Paul Masters a los juzgados para oír su sentencia. Los jóvenes Carol y Greg Bonner, cuyos padres fueron asesinados por Masters, hacen un emotivo testimonio ante el juez.
Stark y Raina son los fiscales. La sesión es interrumpida por Stanley Davis, un hombre de aspecto inofensivo al que van a dar su sentencia en breve. Se queja de que todo ha sido un error. Se las apaña para quitarle la pistola al alguacil y retener a toda la sala como rehenes.
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